jueves, 28 de febrero de 2013

Dolencia del terruño y más


Caigo de confusión, pero no rabio.
Por costumbre, tal vez, en la blasfemia
alquilo, por desahogarme, un cuarto.
Porque es gran esperanza el maldecir

yo no la quiero, ni quiero el sabor
de boca que después es toda sangre.
¿Y cuántos como yo, sin ser, seremos
nadie, sombras que se acercan al agua?

El agua que existiendo en su destello
bruñe la mano y me refresca el ojo.
Así, en faceboock, quiero decir: desisto

de ver martirizadas mis orejas,
putrefactas mis vísceras más nobles, 
vacía, como el ojo de un ave, mi alma.


   Entre la gripe y la sinvergüenzonería no vivo.

   Sigo escribiendo porque no sé qué hacer con tantos lápices.

  Besos y abrazos, amigas y amigos. Os quiero

domingo, 24 de febrero de 2013

La gloria de otro día





Noche de luna y de luciérnagas, dame la calma
que necesita el hombre para llegar
hasta las claridades primeras: ese momento
en el que las gentes del campo ponen en marcha
el mundo tirando de una cuerda.

Lava con tus paños negros la fatiga y el sudor de los días,
para que limpia y aterciopelada brille la piel
en las barandas, en los rosicleres de la aurora,
en la arista azul de la piedra, donde canta 
el pájaro que llaman roquero solitario.

Acúname en ictericia de sueño;
en tu luz reflejo de silencios, blanda
como para ser besada.
Que la mañana me coja sin espinas y a salvo
del acérrimo rodar de la costumbre.
Y pueda agradecértelo a besazos de alba...







domingo, 13 de enero de 2013



Él, el viejo zorro, también se llevó mi imagen
 entre los pinos nevados, 
al otro lado del arroyo donde los sauces.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Cantar de Cantares Fray Luis de León




Para consuelo de impedidos y entretenimiento de convalecientes están también los versos. Los versos, todos escritos por el hombre...

«El cerco de tus muslos como ajorcas hechas por mano de oficial» Traduce Fray Luis de León el Cantar de los Cantares. Interpreta: «Desciende aquí a tantas particularidades el Espíritu Santo, que es cosa que espanta» ¿A quién espantaba, a él como religioso y hombre al mismo tiempo? Hombre, y mucho hombre, si nos regimos por las explicaciones que nos da a continuación: «El cerco de tus piernas y muslos  son como ajorca bien calzada de mano de maestro. Y esto dice por la espesura, y macicez de las piernas, que no eran flacas, sino rollizas, y bien hechas, y redondas: en tal manera que si hiciese un artífice una ajorca, o collar de muy perfecta redondez, y se lo ciñiese a las piernas, vernia muy justo, y se hinchiria todo el redondo de la carne dellas. Donde decimos, cerco, la palabra hebrea es Hamuk, que quiere decir, cerco, o redondez; y de aquí algunos entienden las coyunturas, y como goznes de la rodilla donde juega el muslo»... Y ahora viene lo mejor. Aquí descubrimos al  Fray Luis mirón: «Bien se descubre sobre los vestidos el grueso, y buen talle de los muslos, mayormente cuando la mujer va con priesa, y contra el aire»... ¡Me encanta Fray Luis!

Del Cantar de los Cantares  (Fragmento) por  Santos Jiménez. Para matar el rato

(Esposo)
¡Qué bellos tus pies en tus sandalias!
Tu ombligo taza de luna llena, y tu vientre un montón de trigo rodeado de violetas.
Tus pechos dos cabritillos saltarines y respingones.
Tu cuello torre esbelta en la que tus ojos son como lagunas a las puertas de la ciudad brillante, y tu nariz ventana en la frontera.
Tu cabeza un monte, y tu cabello el brincar del agua por las canales bermejas de los cerros.
¡Y aún así, más te embelleciste, te enmelaste y te cubriste de deleites!
Estás dispuesta como palma, y tus pechos son ahora como racimos de vid
rebelde trepadora en esa palma.
Quiero subir a la palma, cosechar sus racimos y oler tu aliento de manzana.
Todo tu olor, que es como el del mejor vino, que cuando pasa por la boca despierta los adormilados labios.
(Esposa)
Soy tuya, de tu deseo.
Ven conmigo, salgamos al campo, vivamos de nuevo en las granjas.
Nos levantaremos de madrugada para ver florecer la viña y descubrirse la uva.
Allí, bajo el granado, te daré mis amores.
Las olorosas mandrágoras, y todos los dulces frutos nuevos y viejos, que todos los tuve guardados dentro de mis puertas para ti...


Que el Espíritu Santo me perdone, pero yo veo lo que veo y siento lo que siento. Y que sean condescendientes también Juan de Yepes y por supuesto Fray Luis. A ver, la explicación simbólica, alegórica, paraboloide elíptica se entienden. Tal vez sea que uno, no obstante, solo llega a donde llega.
Por cierto a Fray Luis de León y a San Juan de la cruz «cárcel les dieron las Españas», el Espíritu Santo no puede sufrir ergástula, su inmaterialidad le salva. O sus alas de paloma tripolina. 

                                Santos Jiménez 12/12/12  Hecho polvo. Y junto al fuego



sábado, 1 de diciembre de 2012

Al fin buenas noticias: sobremesa con diamantes


Aún quedan comercios, al menos por estos pueblos, en los que sobre el suelo, apoyados al mostrador, hay sacos abiertos y remangados llenos de pimentón, garbanzos, judías, lentejas, carillas...

Para amortiguar la mala conciencia que me crea la duermevela de la siesta, echo mano del papel más cercano y me pongo a leer, y en este caso, a ver fotografías pues esto parece una revista, tal ver el dominical de algún periódico... En la primera imagen una mujer se cubre el sexo con un centollo. Lleva al cuello gargantilla en oro amarillo con diamantes y ojo de granate tsavorita... La segunda foto es la de otra mujer imitando la pose con la que Dalí pintó a Gala con el pecho desnudo. Luce un collar de perlas con cierre de rubíes y varias sortijas de oro rojo, calcedonías y heliotropos...

¿Me habré dormido y estaré soñando?

Tal vez sí. Leo. “La joyería está cambiando: ya no es solo para las grandes ocasiones”. Serpenti de oro rosa y diamantes (41800€). Tank francés (17100 €). Reloj Reine de Naples con diamantes (55600 €). Anillo con topacio azul (3820€); con amatista (3770€); con citrinos (3760€). Collar de paladio con diamantes y perla (44260 €).
“Cada temporada nuevas propuestas se suman al joyero y lo actualizan”. Colgante con diamantes blancos y amarillos (c. p. v.). No sé lo que significan esas siglas. Busco en la Web: La gloria o la ruina. Líneas torcidas. Demasiado. Control técnico y prevención de riesgos. Clasificación c. p. v. Ministerio de hacienda... Son algunos de los titulares. Creo que ya me hago una idea.

“Inversión segura. Por el diamante no pasa el tiempo. Otra opción: zafiros, esmeraldas y rubíes... Márquese un objetivo claro, elija bien la alhaja”... Pinjante manierista del siglo XVI (98.542€). Sin redondear el precio. Collar con turmalina en forma de gota (33975€). Sin redondear, el precio. Pendientes con esmeralda talla corazón (c. p. v.). Ya saben.

“La mezcla de piedras preciosas y oro es el mejor síntoma de la modernización de la joyería. La utilización de nuevos materiales como el paladio, más ligero que el platino, el rubedo, aleación única, ultraligera, de brillo excepcional...” Sortija en oro blanco con diamantes (Solo por encargo) Reloj Miss Pasha (18400€). Anillo Danza Maxi (6612 €). Sin redondear... Reloj Oyster. “Lujo en acero, aunque el materia pueda parecer frío, compone una máquina perfecta” (c. p. v.).
“La industria del lujo crecerá un 7% este año, 212 billones de euros están en juego, sus beneficiarios serán quienes mejor sepan adaptarse a los gustos demográficos”. Anillos de oro rosa, blanco y amarillo con diamantes de Pandora. No, Pandora es la firma, léase, diamantes coma... Pulseras de plata con marcasitas (1700 €). Broche escarabajo, con oro, platino, esmalte y cerámica egipcia (c. p. v.) Broche en forma de libélula de platino, zafiros y brillantes (68731 €) Sin... palabras.

“Con anatomía de insectos, gemas de colores que atrapan matices florales, estructuras invisibles sobre las que los diamantes forman cascadas de luz”... Broche en forma de flor de oro blanco y amarillo. Broche con zafiros de color malva. Pulsera de oro y platino con diamantes, ópalo negro de Australia y rubíes... Collar de oro con zafiros color violeta, morganitas y turmalinas. Cronógrafo de oro rojo, adornado con baguettes de tsavorita, turmalina y zafiros verdes; esfera grabada de pitón y diamantes engastados; correa de caucho y pitón. Llame al teléfono... Collar de oro con esmeraldas, ónix y diamantes con forma de pantera”...
“La plata, la reina del joyero informal, vuelve, y es para quedarse. Se adapta a cualquier estilo, ya sea rockero, lady o glamuroso”...

Por suerte aún quedan sacos en los comercios con pimentón y legumbres. Ahora, en el sopor de la siesta, estoy imaginando esos sacos llenos de joyas y de alhajas y la gente que entra a comprar el pan (0,97 €) o una lata de sardinas (0,90 €) o una botella de vino (1,25 €)  o un kilo de sal (0,39 €) o una caja de cerillas (0,50 €), meten en ellos las manos y en vez de dejar escurrir entre sus dedos una cascada de garbanzos, cogen collares, pulseras, relojes, gemas, diamantes, broches en forma de chinche y de libélula...

                        De vuestro amigo Santos Jiménez

   


sábado, 10 de noviembre de 2012



En el entierro de un joven

El ataúd aparecía a intervalos entre los paraguas. Navegaba en el aire, sobre los hombros de los amigos del muerto. Llovía a bocajarro, como llueve en estos valles, aunque luego luzca el sol cuatro meses seguidos. Si mirabas solo la madera brillante y laboreada, tal vez de nogal o imitando al nogal, entonces sí que parecía que iba sobre el agua. La oscilación era exactamente la misma que si fuera a la deriva por la calle inundada y desbordada. Después fuimos saliendo del entramado de calles del pueblo y el camino ascendía hasta el cementerio que estaba en un lugar apartado, el único en los alrededores con tierra muelle y con la profundidad suficiente para cavar una fosa, un barranco con las medidas reglamentarias.

Aclaró de pronto y cesó el aguacero. Cesó solo en una parte del valle, del cielo de la otra seguían desprendiéndose varetones grises en polvareda de agua. De nuestro lado se veían ahora los pinos, que primero estaban a nuestra altura y poco a poco, a ritmo de entierro, se fueron como ahondando, surcados de finos velos de nubes. Esos velos ocupaban los bajos del pinar hasta cierta altura de los árboles, dándoles volumen, marcando la silueta singular de cada uno.

Y entonces, cuando el cortejo enfilaba ya la última parte del trayecto, que era una recta con las dos puertas negras al fondo y las puntas de los cipreses, solo las puntas, asomando por encima de la larga y alabeada pared del cementerio, se formó un arco iris. Doble, clarísimo, de una nitidez y limpieza que imantaba los ojos. Todos mirábamos; los que portaban la caja ladeaban el cuello como si padecieran una fuerte tortícolis. Aún quedaban algunos paraguas abiertos, de esa gente que lo mismo tarda en abrirlos cuando llueve que en cerrarlos cuando escampa. Y se cerraron, y nadie, ni una sola persona miraba otra cosa que el arco iris, como si fuera una televisión retransmitiendo el enésimo partido de fútbol del siglo, de pronto, ahí en los cielos.

Había otro detalle, sin embargo, al que nadie fue ajeno. Aquel arco, de inusual anchura y colorido, nacía en el pueblo, en su caserío, y desde allí, justo desde donde estábamos, la impresión era que nacía en la casa del muerto y ascendiendo y volteando el valle desde aquella parte aún en lluvia con nubes apelotonadas y grumosas, venía a caer a esta otra, donde la aclarada del tiempo, pasajera y zorra, le dejaba morir dentro del recinto. Y no hubo duda de que caía en la fosa abierta y húmeda y se enterraba hasta los arroyos del subsuelo.

Entró más gente que nunca aquel día al camposanto. Entraron hasta los que se quedan en la puerta para ser los primeros en dar el pésame a la familia cuando sale compungida. Pero ya el aire había llevado las nubes más allá de los cerros, y con ellas la precipitación, y del tan delicado suceso óptico quedaba tan solo el espectro, por así decirlo: El barranco repleto de algo, que parecido a las pavesas, se iba tumbando en el fondo.



miércoles, 19 de septiembre de 2012

Golpe bajo

Con la música del organillo le venían las palabras de su padre. Envueltas entre las notas de la música caían desde lo alto, desde la luz cromada de la bóveda gótica. Una lluvia de letras componiendo las frases tantas veces oídas.

Él estaba allí, de pie, junto al altar, cumpliendo o realizando al fin, el más insistente de sus consejos: “Cásate con una rica, hijo; es la única manera que tenemos los pobres de hacer un poco de revolución y de tracamundear, de paso, las clases sociales. No hay otra”.

Pero cómo un hombre con los PENSAMIENTOS y con los IDEALES de su padre podía decir esas cosas.

Él se lo había creído y ahora iba a casarse con Rosaura o con el vestido de lentejuelas de Rosaura; con su diadema de siete zafiros; con su sortija de oro simulando licuarse, último capricho de un excéntrico orfebre; con sus zapatos de diamantes, absolutamente hechos de diamantes, como hay calaveras confeccionadas con diamantes..., con el chanclo de corcho, también, en el que al fin y al cabo se deberían sustentar aquellos diamantes que hasta decurrían por el tacón y cuya punta terminaba, como no, en un diamante; con el bolso de novia, semejante bolso de novia de policromada pedrería; con la pulsera indescriptible de valor incalculable; con el collar, los pendientes y los alfileres condescendientes con la plata, resumido todo luego en semitransparencias de mucho encaje y micro fibra, ligeras, sutiles, blanca lencería, eso ya oculto a la vista, acomodado en el acomodado cuerpo gentil de Rosaura, haciendo nido en sus lozanías, apretando un poco más, aunque parecía imposible prensar aquel prensado, delicioso, magro y perfecto cuerpo de Rosaura...

¿Y si eran solo palabras, cosas de su padre?... Su padre era un hombre de palabra, sí, pero, ay, también de muchas palabras, y entre tantas...: “Hay que saber esperar, te enamorarás igual de una que de otra; a vuestra edad sobra amor, y muere y renace ese amor como la hierba aunque lo riegues con besos o con lágrimas”... Era otro de sus estribillos.

No podía ser cierto. Aquel hombre que hasta el día de su muerte mantuvo la DIGNIDAD, el COMPROMISO, la INTEGRIDAD... Leyó entonces el fragmento apologético de un pasaje bíblico escrito con letra cancilleresca sobre el esmalte de un azulejo del Puente del Arzobispo: “Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero para recibir alabanzas y sin tener el amor, de nada me sirve.”

Soltó con delicadeza la delicadísima mano de Rosaura y salió de la iglesia lentamente, mirando las caras de los invitados. Todas y todos tenía el rostro de su padre.

Sonaba, ahora sí, in crescendo, como tendones con rabia arañando las junturas de las piedras, el organillo.


     19/9/2012   Mientras se pasan los higos      Cuevas del Valle      Santos Jiménez